Estudios que demuestran qué prácticas alargan tu vida y cuáles la acortan

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Una simple búsqueda en Internet sobre qué prácticas alargan tu vida, arroja un sinfín de estudios y opiniones sobre cómo lograrlo. A nosotros nos parece invaluable el esfuerzo de científicos del mundo entero que se empeñan en alcanzar este anhelo de la humanidad, y aplaudimos todos los esfuerzos y resultados.

Incluso aquellos con poco reconocimiento que compruebe su eficacia para el objetivo en cuestión, siempre que aludan -como mecanismo para alargar la vida- a prácticas que en nada perjudiquen a las personas, sino que más bien son sanas y provechosas.

Es el caso de un nuevo estudio de la Universidad de Yale que ha confirmado algo que sospechaban, incluso puede que lo hubieran leído en algún sitio, los adictos a la lectura: leer libros mejora la esperanza y la calidad de vida.

En esta investigación publicada en «Social Science and Medicine» se descubrió que existía una relación directa entre las personas con mayor longevidad y aquellas con hábitos de lectura más sólidos.

Tras preguntar a más de 3.500 participantes de más de 50 años sobre sus hábitos de lectura, los datos permitieron dividir a estos lectores en varios grupos: los que no leían nada, los que leían menos de tres horas y media a la semana, y las que que lo hacían más de 3 horas y media.

Los resultados de la investigación, que se alargó durante 12 años, demostraron que los dos grupos que leían superaban en dos años más de vida al grupo que no leía nada.

El factor de lectura fue determinante más allá del sexo, el poder adquisitivo, formación académica o el estado de salud. Aun manteniendo un ritmo de vida sedentario, el estudio demuestra que se pueden conseguir mejor calidad de vida con los libros.

No obstante, el dato más importante de la investigación, por encima de la calidad de vida, es que los lectores comparados con aquellos que no leen tienen una ventaja de supervivencia de dos años.

Soledad causa enfermedades y acelera envejecimiento

Un estudio llevado adelante por la Universidad del Ruhr de Alemania llegó a la conclusión de que los grupos principales que padecían soledad estaban entre los 30 y 34 y a partir de los 65 años. Saber que esta problemática afectaba a gente tan joven fue sorprendente para el equipo de investigadores.

Tal vez esa sensación de soledad se dé tanto a los 30 “porque es la edad en la que se plantea todo al mismo tiempo: hijos; ascenso laboral; casa propia…”. Todo eso puede llevar a que quede muy poco tiempo para los amigos, comenta la profesora Maike Luhmann.

Y también es la edad en la que se da el caso contrario: muchos viven solos y se preguntan si no deberían estar en pareja, tener hijos, estar rodeados de amigos… Y esos interrogantes, de pronto, hacen pensar que uno tal vez esté muy solo.

Lo cierto es que la soledad puede tener un impacto muy negativo en la calidad de vida. “Está visto que las personas que se sienten crónicamente solas tienen una mayor tendencia a enfermar”, dice Luhmann.

Lo importante es distinguir las diferentes situaciones: estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Luhmann explica por ejemplo que no todas las personas que pasan mucho tiempo en soledad se sienten solas. Ella dice que esa sensación se da, por ejemplo, cuando uno tiene menos contactos sociales de los que querría. Si esa sensación se prolonga en el tiempo, uno va sintiéndose cada vez más infeliz.

Pobreza quita más años de vida que alcohol e hipertensión

El resultado de un estudio publicado en la revista Lancet, revista médica británica, coincide con otros estudios previos: la pobreza afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes.

De hecho, el bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el alto consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años; y el tabaco reduce la media de vida 4,8 años. Es decir, la pobreza acorta la vida más que la obesidad, la hipertensión y el alcohol.

Las circunstancias socioeconómicas y sus consecuencias puede ser modificadas por las políticas a nivel local, nacional e internacional al igual que los factores de riesgo que están en las estrategias de salud globales existentes. El estudio demuestra además que a partir de los 40 años se suelen vivir 45 más, una media de 85.Mueren más lo más pobres

En los hombres, 43.765 (15,2% del total) con baja posición social y económica murieron, mientras los que ocupaban una mayor escala social fueron 17. 160 (11,5%). En las mujeres, 11.835 (9,4% del total) con baja posición social murieron y 8.292 (6,8%) con más nivel de renta.

Los datos confirman que los participantes con bajo nivel económico tuvieron un mayor riesgo de mortalidad que aquellos con alta posición ocupacional, tanto en hombres como en mujeres. Lo que constata la realidad es que la carga de la mayoría de los factores de riesgo se concentra en los grupos socioeconómicos bajos y eso afecta así en todo el mundo.

 

Fuente: La Información