Inestabilidad mundial de los sistemas públicos de pensiones

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En varias oportunidades he hablado en este espacio de cómo un aumento en la esperanza de vida y una tasa cada vez más baja de natalidad, sobre todo en Europa, generan un crecimiento -insostenible- de personas con derecho a los sistemas públicos de pensiones.

Cada vez son más los países, no solo en Europa, que se ven en la necesidad de hacer cambios en la política de pensiones para sostener el modelo.

Algunos gobiernos promueven también el ahorro individual como única garantía de calidad de vida en el retiro.

La mayor parte de los países optan por retrasar la edad de jubilación o por aprobar incentivos para prolongar de forma voluntaria la vida laboral, según pone de manifiesto el estudio Pensiones en transición, elaborado por el Instituto Aviva. En este estudio se advierte de que “la mayoría de países incorpora reformas con lentitud y cortoplacistas”.

Pero según este trabajo los cambios que están en curso y las innovaciones radicales llevarán a todos a una transición en la que se estrecharán las diferencias que hoy existen entre los distintos países y modelos.

La mayor parte de los cambios que se están realizado afectan a las pensiones de jubilación, tanto por su mayor peso económico sobre el total de prestaciones como por su relación directa con los cambios demográficos de longevidad.

En general las modificaciones a los sistemas públicos de pensiones apuntan a:

Retrasar la edad de la jubilación: España, con el retraso desde los 65 años hasta los 67 años en 2027. Portugal lo ha hecho hasta los 66 años la edad y ha vinculado la medida al aumento de la esperanza de vida, igual que Italia, Dinamarca y Holanda.

Irlanda es el país europeo que más lejos ha ido al establecer la edad legal de forma progresiva desde los actuales 66 años a los 68 años.

En Australia discuten una nueva ampliación a los 70 años en 2035 y el Parlamento sueco debate desde 2103 la conveniencia de elevar la edad de jubilación por encima de 75 años. Y recientemente el Banco Central de Alemania apostó por situar la edad de retiro de los alemanes en los 69 años.

Otro grupo de países ha acordado eliminar la brecha de género entre hombres y mujeres, endureciendo en mayor medida el acceso de estas últimas a la pensión. Por ejemplo Polonia pasará de los actuales 60 años de las mujeres y 65 de los hombres a los 67 años de estos últimos en 2020 y en 2040 para ellas.

Más años cotizados: Son varios los países europeos que han combinado el retraso en la edad de jubilación con la exigencia de cotizar más años para cobrar la pensión máxima. Es el caso de España, donde los años exigidos se ampliaron en 2011 hasta los 37 años en 2027. En Francia, el incremento se implementará hasta los 43 años en 2035, lo que supone prácticamente toda la vida laboral.

Ampliaciones del periodo de cómputo: Son frecuentes entre los cambios realizados por los países las ampliaciones en el periodo de cómputo para calcular la prestación, sobre todo en el sur de Europa. Lo más frecuente es incrementarlo hasta alcanzar toda la vida laboral.

La excepción es España, donde el aumento se realizará de forma progresiva hasta 25 años desde los 15 años que había en 2013. En Estados Unidos también se está valorando la ampliación del número de años que se utiliza para el cálculo de la pensión.

Desligar las revalorizaciones del IPC: La forma en la que se actualizan las pensiones cada año también ha sido objeto de cambios. En España, Alemania y Suecia, entre otros, la actualización se realiza hoy con una fórmula que tiene en cuenta la evolución del número de pensiones y la situación presupuestaria del sistema.

Incentivos para prolongar la vida laboral: Entre los incentivos para prolongar la vida laboral el más recurrente es permitir la compatibilidad entre la pensión y el salario, algo que ocurre sin límites en Irlanda, en Europa, o Estados Unidos.

Cotizaciones, principal fuente de financiación: La mayor fuente de financiación de las pensiones en el mundo siguen siendo las cotizaciones; los impuestos ganan terreno pero poco a poco. Existen notables diferencias entre países.

Los tipos más altos se producen en el sur de Europa, en el entorno del 27%. Por países destaca Holanda (34%), Italia y España, del 33% y el 28,3% respectivamente.

 

Fuente: ABC