Solía ser joven y saberlo

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Realidad o ficción este relato tiene mucho que enseñarnos…

Solía ser joven; solía tener una salud inquebrantable, una memoria envidiable, unas ganas de vivir sorprendentes; la alegría era de las emociones que más tiempo se quedaba en mí. Aunque por supuesto que supe lo que era la tristeza, la añoranza y el arrepentimiento.

El optimismo nunca me abandonó; como profesional -preparada y dispuesta siempre a aprender- tuve más herramientas que otros para alcanzar grandes cosas.

Tuve la dicha de tener unos padres prodigio -a los que amé y di todo cuanto pude para retribuir ese amor que recibí-; también familia y amigos para amar, acompañar y disfrutar.

Tuve amores y un gran amor, al que debo gran parte de mi alegría. Los momentos más memorable de mi gran vida.

También tuve y tengo la gran dicha de una vida larga, como tanto pedí. Lo que nunca imaginé era que -aún sabiendo que muchos se irían primero- hoy estaría aquí, sola, más que por falta de gente a mi alrededor o por una vida llena de experiencias satisfactorias, por falta de memoria para recordar, a los de hoy y a los de ayer.

Cada vez que por segundos llega a mi mente la lucidez y puedo comprender dónde y en qué condiciones vivo, trato de dejar testimonio de mi experiencia y mi aprendizaje.

Hoy quiero decirles, en estos minutos de lucidez, que contra la vejez y sus enfermedades no hay mucho que podamos hacer; pero en favor de las condiciones en las que podamos vivirla, sí.

Y una de las cosas que puedo asegurarles me falta hoy, es dinero. Porque si hay algo peor que mi déficit de memoria casi permanente, son mis condiciones de vida, las que tanto soñé serían buenas hasta el último respiro, como creo lo merezco después de dar tanto a esta sociedad. Lamentablemente no me ocupé personalmente y a tiempo para garantizarlo.

¡Espero que tú sí lo hagas!

 

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