¡Hola, soy José! Tengo 67 años y quiero contarte mi historia

Las-circunstancias-que-podemos-vivir-en-la-vejez-o-en-la-enfermedad-si-no-planificamos-el-futuro

En 1950 llegué a este mundo para ser recibido por una familia honesta, trabajadora y acomodada (o lo que en algunos países de Latinoamérica es conocido como clase media alta). Era el primero de tres hermanos que muy pronto quedarían huérfanos de padre, por lo que con tan solo 23 años de edad y apenas egresado de la universidad, tuve que asumir las responsabilidades del hogar.

Mi madre, fue una esposa y compañera ejemplar, pero no tuvo nunca ni la más mínima idea de las responsabilidades o decisiones que tenía sobre sus hombros mi padre; así que era muy poco lo que ella podía hacer para guiarme frente al negocio familiar. Entre uno y otro error, salimos adelante, mantuvimos a flote el negocio y yo dediqué mi vida a ser el padre que se había marchado antes de tiempo, un apoyo incondicional para mi madre y mis hermanos.

Hice todo cuanto pude y cuanto debía para que mi familia siguiera teniendo el estatus de vida con el que habían vivido. Casa, comida, estudios e incluso buenas vacaciones no faltaron; aún así, parece que sí faltó algo, tal vez pensé poco en el futuro, en el mío y en el de ellos, nunca pensé que yo también podría partir antes de tiempo o al menos antes de lo que esperaba.

Hoy nuestra historia familiar parece que se repite y vuelve al momento en el que mi padre desaparecía, solo que ahora soy yo el que pronto –inevitablemente- partirá. Aunque parece la misma historia hay algo que tal vez no se repita y hace que estos días sean los más amargos que he vivido, esta vez parece no haber un reemplazo para la figura paterna.

Yo decidí ser el padre de mis hermanos y sostener a mi madre, mis hermanos –como quise en su momento- se han ido, kilómetros nos separan, cada uno ha hecho su vida lejos de esta casa. Mi madre y mi pequeña familia (esposa e hija) solo me tienen a mi; un hombre mortal como cualquier otro que no se ocupó nunca de pensar que un día podía no estar.

El negocio no creció tanto, como para dejar una fortuna a mis tres mujeres, está estable pero hay que mantenerlo y ninguna de las tres podrá hacerlo; venderlo es una opción, pero no será suficiente para costear la salud de mamá y los estudios de Ana (mi hija). Como ves, la vida me trajo al mismo lugar donde estuvo mi padre hace años, pero yo hoy dejaré desamparadas a mis mujeres.

No puedo dejar de pensar que asegurar el futuro de los míos y planificar mejor mis finanzas pudo ser nuestra mayor tranquilidad en este momento, pero no lo hice.

Esta es mi triste historia, trata de no vivir la misma, por eso te la cuento. Nada podrá impedir que partas algún día, pero la planificación y el ahorro pueden ayudarte a hacerlo tranquilo.

 

Escrito por Carlos Eduardo